Máximo se acercó a ellos e inmediatamente cogió a Lucy en brazos, que se sujetó el hombro para evitar movimientos bruscos mientras él la llevaba en brazos hacia el coche. Lucy apenas si era capaz de decir nada. La dejó en el asiento trasero y cerró la puerta sin esperar a que ella se acomodara. Su padre se comportaba del mismo modo que si hiciera aquello todos los días, su rostro no había mostrado ningún tipo de sentimiento, ninguna pregunta sobre lo ocurrido en el callejón…
A través del cristal los vio discutir, quizás, a Max si le afectaba todo aquello; Dani le estaba contando lo que había pasado después que se desmayara. Con muchísimo cuidado y extremadamente despacio, Lucy bajó el ventanillo para escuchar la conversación.
–¿… tuerto? –preguntó Máximo, a pesar de estaban cerca del coche, hablaban tan bajito que era casi imposible escuchar lo que decían en su totalidad.
–Sí, pero…
Lucy bajó un poco más el ventanillo, e inmediatamente, tanto su padre como su hermano se callaron, se miraron fijamente y asintieron dando por finalizada la conversación. Ninguno de ellos la miró, pero supo que sabían que estaba intentando escucharlos y se trataba de algo que muy probablemente no querían que ella supiera.
Se giró con cuidado y tiró del cinturón, pero se detuvo al comprobar que al abrocharlo, éste quedaría por encima del hombro herido, cosa que no sería para nada agradable, Máximo y Dani subieron al coche a la vez que ella se cambiaba de lado. Se abrochó el cinturón con algo más de éxito que la vez anterior. En el momento que se escuchó el click que verificaba que estaba bien abrochado, el coche arrancó, dejando claro que, aunque Máximo no le hubiese dicho nada, no le quitaba ojo de encima.
El suave ronroneo del motor no la molestó en absoluto y echando un ligero vistazo por el ventanillo pudo deducir que, por el recorrido que seguía el coche, no irían al hospital, sino a casa, tal t como había prometido Dani.
Sintió cómo el vello se le rizaba al recordar lo cerca que la primera bala había estado de su cabeza; lo poco, escasos milímetros, que faltaron para que no contara aquello. Aun tenía la sensación de que despertaría de un momento a otro con la frente empapada en sudor y a sabiendas de que sólo era una pesadilla. Pero sólo eran eso. Esperanzas. El hombro le dolía tanto que se le saltaban las lágrimas, y aunque el coche tomaba los giros con delicadeza, era insuficiente, pues cada vez que giraba se daba un ligero golpe con el asiento.
Gimió cuando el coche se detuvo bruscamente en un semáforo. Sus esperanzas de que todo lo que había pasado fuera sólo un sueño se desvanecía al igual que el vaho que minutos antes había atravesado la bala.
Dani aprovechó la inmovilidad del vehículo para sentarse a su lado, sin hacer caso a los gruñidos de Max, que no le gustaba que pasaran entre los asientos delanteros mientras estaba conduciendo. Su hermano tenía la nariz hinchada y se había colocado unas bolitas de papel para contener la hemorragia estaban totalmente ensangrentados, su ropa tenía restos de sangre y en su cara podían apreciarse manchas, también sanguinolentas, que no eran más que restos de una mancha que podría haberle ocupado casi toda la cara.
Con suavidad, la incitó a que le enseñara el hombro, pero en el momento en que Lucy se movió para que él tuviese una vista panorámica de la herida, el vehículo arrancó de nuevo y se golpeo con el asiento en una mala postura, después de eso, se negó en rotundo a moverse más de lo que fuera necesario. Dani insistió un par de veces más, pero fue inútil, finalmente desistió y, sacándose un pañuelo del bolsillo, le secó algunas lágrimas, pero ya habían dejado surcos en sus mejillas que era mejor lavar con agua y jabón.
Al hacer memoria, Dani estaba junto a ella justo cuando se despertó, lo que la llevaba a suponer que se tenía que haber peleado con el tipo que la había disparado ya que no estaba en los alrededores cuando se despertó. Eso también explicaría que él estuviera herido y manchado de sangre, ¿no? Además la acera también estaba llena de sangre.
Pero, ¿por qué ninguno decía nada? ¿Por qué no le decían qué era lo que había pasado? La tensión se palpaba en el ambiente y el silencio en que se habían sumido conseguía que se le encogiera el estómago.
–Ya hemos llegado. –El coche se detuvo tan despacio que Lucy si quiera notó que se había parado.
Max bajó del coche y fue directo a la casa; el coche estaba aparcado justo delante de la entrada de modo que en menos de un minuto desapareció de su vista. Dani tenía la espalda pegada al asiento, los ojos cerrados al igual que los puños en los que se le marcaban los nudillos debido a la fuerza con la que mantenía el puño cerrado.
–No digas nada. –Le susurró sin apenas mover los labios– Limítate a escuchar a papá y a hacer caso de lo que te diga, pero sólo eso.
Lucy se sintió incapaz de apartar la mirada de su hermano. ¿Qué quería decir con aquello? ¿Acaso nadie tenía la más nimia intención de explicarle lo que había pasado? Ella no había pedido nada de todo eso y lo menos que se merecía era que alguien le contara detenidamente de qué trataba lo sucedido y si cabía la posibilidad de que volviese a pasar.
–¿A qué te refieres?
–Tú sólo… hazme caso, ¿vale? Ten paciencia… Sabrás lo que necesitas saber cuando llegue el momento –Él la miró con la misma expresión con la que acostumbraba a mirarla cuando eran pequeños y ella lloraba por cualquier tontería… Él siempre iba varios pasos por delante de ella, siempre preparado para tenderle la mano justo antes de que cayera. Una media sonrisa le cruzó los labios y con cuidado le desabrochó el cinturón y la trajo hacía sí, abrazándola cariñosamente, posó la barbilla encima de su cabeza y habló para sí mismo, sin llegar a ser del todo consciente de que hablaba en voz alta– Todo irá bien… Tú estarás bien, te lo prometo…
Deseó creerle con todas sus fuerzas, pero algo, muy en el fondo le gritaba que se equivocaba.
Se separó de ella un instante antes de que Máximo saliera de la casa y abriera apresuradamente la puerta del coche. Dani le guiñó un ojo aun con la media sonrisa en los labios, de algún modo, consiguió que se sintiera cómplice de algo que no llegaba a comprender. Le devolvió la sonrisa.
Cuando su padre fue a cogerla, ella negó con la cabeza y apenas si le susurró que era capaz de salir del coche sola pero Max se negó en rotundo y la cogió en brazos. Antes de entrar en la casa, se dirigió a Dani, que le escuchó atentamente.
–Lleva el coche al garaje, los asientos están algo manchados y habrá que limpiarlos, asegúrate de que está todo perfecto antes de que llegue Emily, no quiero que lo vea, ya se lo contaré yo cuando sea oportuno.
Cuando terminó, Dani cerró la puerta desde dentro y pasó entre los asientos para sentarse al volante. El vehículo arrancó en cuestión de segundos. Lucy no puedo evitar lanzarle una mirada escrutadora a Max: tanto ella como su hermano eran menores.
Al entrar en la casa, su padre la llevó directamente a la cocina donde había despajado la mesa y dejado en el poyete el botiquín de primeros auxilios.
Extendió el brazo sobre la mesa para que tuviese una mejor vista de la herida. Máximo preparó todo lo necesario sobre la mesa y se sentó a su lado; con unas tijeras, cortó la tela que obstaculizaba la visión de la herida y comenzó a tratarla. Lucy se quejó un par de veces mientras Max le cosía la herida.
–Ha sido una suerte que la bala te atravesara el hombro y no quedase dentro, si no, habría sido mucho peor– comentó terminando de liar una venda en el hombro para evitar futuras infecciones.
Lucy observó la meticulosidad con la que recogió el botiquín, colocando cada cosa en su lugar correspondiente; se limitó a esperar. Las palabras de su hermano aun resonaban en su mente y confiaba plenamente en su padre como para esperar el tiempo que fuese necesario. Anduvo por la cocina de un lado a otro mientras ella seguía con la mirada cada uno de sus movimientos. Trasteó una de las estanterías y, tras encontrar lo que buscaba, se sentó frente a ella dejando su hallazgo sobre la mesa, justo entre ambos. Se quedó pasmada al corroborar que se trataba de una tableta de chocolate intacta, cosa que creía imposible, ya que sus hermanos siempre se abalanzaban sobre el chocolate antes siquiera de que entrase por la puerta.
–Come–le ordenó–, no has comido nada desde la media mañana… Lo más normal es que tengas hambre.
Reticente, cogió el chocolate y lo dividió en varias oncitas. Max vigiló atentamente todo el proceso, consciente de que en aquel momento Lucy ya debería haber almorzado.
–Supongo–empezó Max, imperceptiblemente nervioso–, que te estarás preguntando muchas cosas. –Hizo una pausa, eligiendo con cuidado cada una de sus palabras– Te diré todo lo que necesites saber, sólo tienes que preguntármelo.
Lucy masticó lentamente una de las onzas de chocolate. Eso era lo que quería desde que se despertó en la acera. Respuestas. Su padre se las ofrecía abiertamente, sin reparo alguno. Él tenía las manos entrelazadas sobre la mesa y las miraba como si fuera incapaz de apartar la vista de ellas. En cambio, sólo le daba vueltas al hecho de que la decisión estaba tomada, tras largas discusiones con Emily, finalmente lo habían decidido; cuando pasase algo, cualquier cosa que afectase directamente a Lucy, le contarían todo lo que ella pidiera saber. Max nunca estuvo de acuerdo con dejarla al margen y había llegado el momento que tanto anhelaba, por fin se acabaría todo el secretismo en el estaba basada su vida, al menos en parte. Rezó en silencio para que Lucy hiciera las preguntas adecuadas. Si ella no preguntaba, él no le diría nada. La decisión era suya, al menos en esta ocasión.
–¿Quién… quién era ese hombre? Y, ¿por qué me atacó?
Máximo respiró hondo. Cuando habló su voz sonó clara y, en cierto modo, cansada.
–Sólo sabemos que se hace llamar Sam y que trabaja para el mejor postor. –Guardó silencio durante unos segundos, listo para lo que pudiera preguntar Lucy, esperando que se trataran de las preguntas adecuadas– No tenemos la más mínima idea de por qué te atacó.
Lucy dudó, ¿no lo sabía realmente, o no quería decírselo? ¿Quién más estaba al tanto de lo que estaba pasando? Max hablaba en plural… ¿Hablaba sólo de Dani? Aquel hombre… Sam, había hecho algo más que atacarla.
–Sam… Intentó matarme, ¿verdad?
–Sí– sintió tanto temor cuando recibió la llamada de Daniel que creyó que todo era peor de cómo lo pintaba. Siempre se preparaba para lo peor. Estaba avergonzado de sí mismo por no haber sido capaz de preverlo.
–¿Crees que volverá a intentarlo?
–No lo creo, por lo que me ha contado tu hermano, es improbable que vuelva a intentar hacerte daño– Máximo frunció el ceño. Lucy ni siquiera se acercaba a la verdad, la única que sin lugar a dudas los colocaba en el centro de la diana.
–¿Por qué?
–No lo sé.
–¿Quién soy, para que alguien como él quiera… matarme? –Máximo abrió los ojos de par en par, no esperaba que llegasen tan pronto al quid de la cuestión, Lucy tenía los ojos llorosos y antes de que pudiera responder, ella ya formulaba la siguiente pregunta– ¿Desde cuándo sabes que ese hombre está por aquí? ¿Por qué no me habéis dicho nada? ¿Quién más lo sabe?
–Lucy…
–¿Deberíamos denunciarlo, o esto está fuera de su alcance? ¿Y si vuelve a atacarme? ¿Y si la próxima vez no falla?
–Lucy –alzó la voz un poco más que antes, pero ella no le escuchaba.
Respiraba agitadamente y daba la sensación de que le faltaba el aire, cada pregunta sonaba en un tono más elevado que la anterior.
–¿Le habéis matado? ¿Por eso dices que no va a atacarme? ¿ y Dani? ¿Por qué estaba conmigo cuando me desperté? ¿Acaso él le ha matado? –esa última pregunta la destrozó por dentro, ¿su hermano… era un asesino? –¿Qué me estáis ocultando? –Lucy se levantó de golpe, tirando la silla en la que estaba sentada a la vez que casi gritaba su siguiente pregunta– ¿¡Qué me estáis ocultando!?
Empezó a andar de un lado para otro; su padre se levantó todo lo rápido que pudo y la detuvo inmovilizándola con un abrazo. Ella forcejeó durante unos minutos, rindiéndose entre lágrimas, le abrazó con fuerza. Cuando sollozaba, ya más calmada, Máximo le susurró algunas respuestas al oído.
–Sam es un asesino, pero no uno cualquiera, sino uno auténtico. Los chicos, tus hermanos, y yo, a penas si llevamos una semana siguiéndole la pista e intentando averiguar qué le ha traído aquí… Dani le estaba siguiendo cuando te atacó.
–Y…– Habló con un hilillo de voz, reteniendo algunas lágrimas que aun se resistían a mermar– y… ¿por qué yo?
Máximo se separó de ella, agachándose hasta que sus miradas se encontraron a la misma altura.
–Aún no estamos seguros de por qué lo hizo, pero lo averiguaremos– respiró hondo–. Antes de nada, tengo que hacerte una pregunta, es muy importante que te tomes todo el tiempo que necesites para pensar en la respuesta. No te precipites– Max dejó de hablar durante apenas unos segundos. Segundos que a Lucy le parecieron eternos, su padre nunca le había hablado de aquel modo, nunca en su vida había tenido la sensación de estar a punto de cambiarlo todo al formular una simple pregunta… ¡Ella quería respuestas! Su cuerpo tembló. Quizás no quería oír nada más, quizás prefería permanecer ignorante a todo. Pero esa no sería ella, se trataría de otra persona. Realmente quería escuchar la pregunta, aunque nada volviera a ser igual a partir de ahí.
Máximo la miró con los ojos entrecerrados; allí estaba, el momento que cambiaría sus vidas. Habló bajito, casi un murmullo, pero la fuerza de sus palabras no tuvo nada que ver con su tono de voz.
–¿Quieres saber quién eres?
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